Mi último día

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¿Qué tal que hoy fuera mi último día? ¿Qué pasaría si mañana no amaneciera? ¿Estaría en paz con todos? ¿Me llevaría algún secreto? ¿Habría olvidado decir “te quiero” a alguien que lo mereciera? ¿Me convertiría en uno de esos fantasmas fastidiosos que les gusta molestar a los vivos solo porque le quedaron cosas pendientes por hacer en vida?

Definitivamente creo que estaría feliz con la persona que he sido. He podido ser tan sincero como me han permitido las circunstancias. He escogido no mentirme a mí y eso ha hecho que pocas veces haya salido mentira alguna hacia los otros.

He dicho “te quiero” a los cuatro vientos. Es una lección aprendida. No he parado de decírselo a cuanta persona ha sido (o es) especial para mí. No me he guardado ni un pedacito de ese amor para comérmelo a solas, lo he compartido con todos los que lo merecían y ofrecí cucharas extra, por si ellos querían compartir su pedazo con otros.

Me llevaré un par de secretos conmigo. Seguro. Aunque intento ser totalmente transparente, ni el cristal más puro lo es. Un par de enigmas (y alguna que otra pregunta) quedarán sin respuesta. Ya les tocará a otros aclararlas u olvidarlas.

Aunque aún no he cumplido ni siquiera un 20% de los sueños que tengo, me iría tranquilo. Si no lo hice fue por falta de tiempo, no por falta de empeño. No creo que me convertiría en un fantasma fastidioso. Si me permitieran darme un paseíto por el mundo de los vivos dejaría besos y abrazos, dibujaría sonrisas en los rostros de los que me quieren. Me regresaría feliz y satisfecho.

Hoy podría ser mi último día, pero no será. La vida aún me resulta linda, disfrutable, deseable. Todavía recuerdo lo que me hacía sonreír cuando era niño así que aún no me he hecho viejo, a pesar de las canas que caen en la capa del barbero cada vez que me corto el cabello.

Aun me quedan muchas cosas por hacer. Tengo cientos de sueños guardados en una gaveta esperando su turno y, otros tantos, camino a lograrlos. Me acompañan  muchos amigos, virtuales y reales, a los que quiero y por los que me siento querido.

La lluvia de hoy y la magia de la fecha (es siete de julio, 7-7) ha hecho que sea uno de esos días que usamos para impulsarnos, para llegar hasta donde nuestros sueños nos lleven. Usen esa magia, salten en el trampolín que la vida nos pone cada día a nuestros pies. Jamás sabremos cuando será la última oportunidad de hacerlo.

No le huyan a los retos, no encojan los hombros ni apuren el paso cuando la lluvia los moje. No arruguen el entrecejo cuando el sol los despierte en la mañana. Sonrían. Todos, absolutamente todos, tenemos un motivo para hacerlo. Después de todo la vida sigue siendo bella, aún si hoy fuera el último día.