Viaje

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El no poder contemplar, ni siquiera de lejos, la posibilidad de manejar en mi país, hizo que, contrario a lo que muchos pensarían, esa idea se borrara tanto de mi mente que llegó a parecerme aburrida y hasta estresante.

Sin embargo, si tenía un deseo inmenso de hacer un viaje largo en auto. No hasta Fort Lauderdale o hasta Orlando, sino salirme de la Florida, irme lejos como en esas películas en las que los protagonistan van de un estado a otro mientras el paisaje que ven desde sus ventanillas cambia radicalmente.

Hacer algo así sin compañía puede ser no solo peligroso sino también aburrido. Hacerlo con la compañía errada puede ser aún peor, pero por suerte tengo a la persona perfecta para que esos cientos de millas se conviertan en el mejor de los regalos.

Ver los verdes y los naranjas y los amarillos de la vegetación a los lados del camino me hizo recordar que existen más árboles que las palmeras que inundan Miami. Sentir otros sonidos me convenció de que podía tropezarme con venados y osos fuera de las jaulas de los zoológicos.

Mi novio pensó que me daría una sorpresa llevándome a conocer otra ciudad a cientos de millas de aquí pero lo que nunca imaginó es que la mayor sorpresa fue precisamente el viaje.

Dormir pocas horas en hoteles de carretera, comer en esos pequeños restaurantes de pueblo en los que todos se conocen y nos miran sorprendidos, sabiéndonos extraños, me convirtió en protagonista de mi propia aventura.

Estar tanto tiempo sin separarnos, en el pequeño espacio del auto, hizo que nos uniéramos más. Recordar y cantar las canciones de su infancia o la mía, fue el mayor regalo de un viaje que recomiendo hacer a todos.

Olviden los boletos de avión o las millas que le pondrán a su auto. No importa hacia donde vayan. No importa el destino. Lo verdaderamente importante es el viaje. Vayánse juntos, toménse las manos mientras conducen, peleénse por quien va a pagar la cuenta o quien va a manejar.

Pierdan la voz luego de hablar y cantar por horas enteras. Recupérenla con un beso, de esos simples que se dan mientras se vigila la carretera que viene delante. Cuando regresen, les parecerán tontas las declaraciones de amor en Facebook o los videos dedicados en Youtube. Habrán rescatado a la persona que siempre han sido y que esta comunicación virtual, sin que nos diéramos cuenta, nos ha robado.