El camino de las losas amarillas

En los últimos días varias personas me han recordado la historia del Mago de Oz. Alguien muy especial me regaló la música de un musical de Broadway en el que se cuenta lo que pasó antes de que Dorothy aterrizara en la tierra de Oz y esta tarde otro amigo me recordó, nuevamente, el camino de las losas amarillas y el viaje que la chica de Kansas hizo con sus amigos hasta el castillo del Mago, cada uno para buscar una solución a su problema.

Uno buscaba conseguir inteligencia, otro la valentía, otro más un corazón y ella solo quería regresar a su casa en Kansas con sus abuelos. ¿Quién de nosotros no ha estado en busca de alguna de esas cosas alguna vez en la vida?

Sería bueno encontrar ese camino, el que está marcado firmemente, sin posibilidad de que nos perdamos y que nos lleva, directamente, hasta el destino final. También es bueno recorrerlo con amigos, como hizo Dorothy. Tener a Toto debió ser una bendición para ella cuando llegó a una tierra extraña, yo apenas me traje conmigo un bulto de fotos que no he vuelto a ver desde que llegué.

Si tuviera que escoger uno de los amigos de Dorothy para que me acompañara me quedaría con el espantapájaros. Es como la imagen del tipo perfecto para mi. Inteligente sin creérselo, simpático (vamos, que es un espantapájaros) y leal.  ¿Necesita algo más? Si le ponemos ojos azules o brazos musculosos salgo corriendo en sentido contrario.

Mi viaje sobre las losas amarillas sería distinto al de la nena de Kansas, no busco encontrar respuestas al final, no quiero regresar a casa. Si acaso el objetivo del viaje sea justamente ese, El Viaje, no el destino. Adonde nos lleve el camino no es lo importante, sino hacerlo, juntos o solos, con nosotros mismos, pero de cualquier manera hacer el viaje.

Creo que solamente omitiría el detalle de los zapatos mágicos que la nena le roba a la bruja, no creo que sería cómodo hacer el viaje en tacones y me parece que usar alguna ayuda para completarlo sería como hacerse trampas uno mismo. Prefiero hacerlo con mis propios zapatos y a mi ritmo.

La vida es un viaje constante, por eso creo que siempre seré un recién llegado. Cada uno de nosotros está en este mismo instante en medio de una marcha que no para nunca. Sería ideal que encontráramos el camino de las losas amarillas, pero si no es así, sería perfecto contar con un espantapájaros que te acompañe en su búsqueda.