Libertad y cobardía

Lo siento amigos. No puedo escribir sobre lo que sucede en Cuba, un país que dejé hace más de tres años y del que apenas me llegan las referencias de la tele y los diarios de Miami. Cuba son muchos países, tantos como cubanos existimos y no tengo manera de ser sincero y honesto si escribo a partir de lo que otros creen.

Las noticias se van sucediendo casi día a día desde la isla grande del Caribe, cosa rara, pues allá casi nunca pasa nada. Entre supuestas aperturas económicas, eliminación de permisos, asesinatos y acosos a los que piensan distinto, fastuosos espectáculos de travestis en plena capital y hasta shows de bailarines desnudistas, anda Cuba.

Cuando pienso que voy viendo de lejos lo que sucede en la isla, como quien ve una pelea de boxeo desde la comodidad de su butaca a la que no llegan ni las salpicaduras de sudor, me saltan esas dos palabras: Libertad y cobardía.

La libertad es una palabra tan abstracta como aquella otra que se forma con cuatro letras y hace pintar corazones en cuanto sitio “pintable” tengamos a mano. La libertad y el amor parecieran estar peleados entre sí y, los dos, emigrados de Cuba como los más de dos millones que vivimos fuera de sus fronteras.

La cobardía, por su parte, es una de esas cualidades que siempre ponemos en el otro, jamás nos la colgamos al cuello. Una mueca, que nada tiene que ver con la fonética de la palabra, se nos dibuja en el rostro solo de mencionarla.

Libertad y cobardía han sido los motores de las principales noticias que llegan de la isla. Libertad y cobardía han sido, también, las palabras que más me han martillado en la cabeza en los últimos días.

Esta vez, asumo mientras dibujo en mi rostro aquella mueca de la que les hablaba, he sido cobarde frente a la libertad, pero no la mía propia, sino a la que puede emanar de otra persona. Nada hay más atemorizante y peligroso que alguien que se sienta libre.

Da igual si eres un dictador octogenario o una simple persona que apenas puede saber dónde estará en un par de días. La libertad nos hace sentir miedo como el más cobarde de los seres humanos. Unos hacen aperturas económicas mientras asesinan a los que piensan distinto, otros nos quedamos como estatuas, sin poder avanzar un centímetro hacia adelante ni retroceder un milímetro hacia atrás.