En un principio fue el verbo

En principio fue el verbo, ese que se inventó para enredarnos y enredar a otros. El verbo, la palabra, la trampa de los significados y los sentidos que le damos a ese conjunto de letras y sonidos, más allá de lo que realmente puede querer decir.

En esta generación de los correos electrónicos o los SMS, cada vez más nos enredamos intentando encontrar el tono de uno de estos mensajes, tan impersonales como necesarios. ¿Cómo percibir esas sutilezas del lenguaje si apenas podemos leer lo que nos escriben? ¿Funcionará un SMS para todo tipo de mensaje?

Esta tarde, una amiga, intentaba pedir uno de esos favores incómodos desde su celular. Mensajes de texto van y mensajes de texto vienen. Se frustraba mientras buscaba la manera de que la otra persona la entendiera y no se sintiera atacado.

Fue difícil, luego de varios SMS de un lado al otro terminaron llamándose por teléfono y explicándose cada uno en su propio tono. Creo que, finalmente, lograron entenderse de alguna manera pues el rostro de ella cambió cuando pudo hablar, todo lo directamente que se puede hacer a través de un celular, con la otra persona.

Yo uso bastante poco los SMS, si acaso para avisar que llamaré en unos minutos y para saber si la persona está disponible, me resultan incómodos esos 140 o 160 caracteres en los que debo resumir un mensaje.

Los que me siguen en Twitter saben que no les miento. Acostumbrado, como estoy, a esto de escribir todo lo que quiera, cuando intento hacer un tweet casi siempre termino dividiéndolo en dos o más pedazos, pecado casi mortal en la famosa red social.

Si en un principio fue el verbo y se nos dio para comunicarnos, no lo desperdiciemos, no ahorremos las palabras que se pueden estar esperando al otro lado. Comuniquémonos, conversémonos, encontrémonos y dejemos de lado un poco los SMS y los correos electrónicos.

No hay nada más claro que decir “no me gusta lo que estás haciendo” cuando miramos a los ojos de la otra persona. No hay nada mejor que decir “te quiero” – o escucharlo – cuando estamos frente a frente y podemos sentir todo lo que una frase como esa puede transmitir, más allá del sonido de las palabras.